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jueves, abril 04, 2019

...Y eso es todo lo que tengo para decir sobre las redes sociales


VÓMITO INICIAL

   No me había dado cuenta de que había pasado tanto tiempo desde la última publicación en este blog. Cuando uno piensa en el tiempo, a veces siente que pasa rápido, pero cuando recuerdo todo lo que hice durante los últimos dos años, en realidad no pasó tan rápido. Lo último que publiqué fue un relato que formará parte de la novela «Ángeles de Basura». Es una versión cruda que probablemente cambió bastante, pero me sentía ansioso por mostrar algo nuevo. La lucha contra la ansiedad es una de las grandes luchas que tiene un aspirante a creador de algo decente. Siempre hay que estar al tanto de que lo publicado bajo el ansia termina siendo una mediocridad. No sé si será así para todo el mundo, pero a mí al menos me pasa con un relato recién escrito. Sé que le falta mucho aunque en el momento no sepa bien qué. Con la música pasa lo mismo. Termino una canción y aunque me muera por compartirla tengo que aguantar el pichí porque se que cuando la escuche a las dos semanas voy a querer cambiar algo. Ahora, ojo con entrar en el loop infinito y no hacer el Final Cut porque es enloquecedor.



Una de las primeras redes sociales arrancó en San Francisco allá por los 80. Se llamaba The Well y su uso se masificó cuando la gente se enteró que el letrista de Grateful Dead John Perry Barlow, participaba en ella

   Esa sensación de «todo así nomás» es la que me embarga en este universo de las redes sociales que no deja de ser uno de los universos del ser humano. Nada raro pasa en ella. Es un reflejo hasta más exacto que el que podría arrojar un estudio sociológico terrenal. Siento que me ametralla una cantidad de contenido express producto de una necesidad voraz de vomitar cada cosa que nos sucede. Y no está mal, todos necesitamos ser escuchados. Algunos lo manifiestan abiertamente («Hey, aquí estoy. Miren lo que voy a escribir en este momento!»), otros lo hacen desde un lugar de aparente desinterés («Estoy a punto de irme de acá. Esto es insoportable») escondiendo esos destellitos de alegría que son los like o el resto de reacciones que ofrece, por ejemplo, Facebook. Todos pedimos atención en algún momento. Es bastante natural en un mundo que pide ser útil, que pide dejar una marca. En algún momento pica ese bichito entonces empezás a hacer algo en pos de construir eso que vas a dejar en el mundo para siempre o al menos por un buen tiempo.


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Vieja interfaz de Facebook

   En lo personal, hace un par de años que me di cuenta que se me iba mucho tiempo en estar al día con las redes y que me quitaba tiempo para proyectos que llevan tiempo y dedicación, como escribir una novela o componer una canción desde cero. Dado que no soy un escritor prolífico no me puedo permitir tantas distracciones. Imaginen si encima me paso todo el día escroleando. ¡Olvidate! Así que para mí, participar poco de las redes es casi una obligación si quiero dejar algo más que palabras en un servidor cuya información desaparecerá cuando a alguien se le ocurra que precisa liberar espacio. Si...comí con el utilitarismo.

   
Actualmente, lo que me ayuda a mantenerme alejado del ciberespacio, aunque no lo crean, es el celular. Se me ha ido deteriorando con el tiempo y actualmente apenas puedo compartir algo en Facebook y subir alguna foto en Instagram. En esta última, que está por ser la red número uno, no puedo crear historias, subir videos ni enviar o recibir mensajes directos. Y por el momento soy feliz. Estoy estirando todo lo que pueda el cambio de celular para no entrar a enfermarme con esa locura de adornitos, hashtags y constantes historias del momento que me van a engatuzar y en la que seguramente voy a entrar. Por eso sigo con un gastado Nokia Lumia con el obsoleto Windows Phone 8. Pero igual es difícil. En este momento, por ejemplo, alterno entre escribir esta publicación y el facebook. Hay eventos a los que quiero ir, publicaciones ante las que quiero reaccionar y comentarios que quiero responder. Me aguanto. Tranqui Maxi.




Un disco que he escuchado mucho en estas semanas. Psicodelia brasilera a full.

      Ahora estoy escribiendo para este blog que es también una red social, pero el blog tiene un «no se qué» que hace que valga la pena armar algo legible acá. Tal vez sea por los recursos adicionales que permiten completar la publicación (imágenes, videos, enlaces) y poder colocarlos donde uno quiera. Además me siento apropiado de la herramienta por haber vivido su auge y caída. Su auge puede haber sido en la década del 2000 y su uso fue inversamente proporcional al de Facebook. 

¿ES EL VICIO?

   Las redes sociales no son novedosas, son la ciberadaptación de una práctica que comenzó con las primeras civilizaciones. Tal vez lo nuevo es que las redes sociales digitales amplían el conjunto de personas con intereses similares lo que expande el universo de contenidos y sentimientos compartidos, lo que puede llevar a una suerte de angustia del usuario por no poder ver todo lo que aparece en pantalla. Es como la angustia por saber que no te da la vida para poder leer todos los libros que te interesan o ver todas las películas o series que quisieras. Esto último es particularmente actual. Todos los grandes medios de comunicación audiovisual han apostado a la serie. Probablemente todos los que nos enganchamos con ellas, tenemos por lo menos 5 o 6 series en lista de espera y que si fuera por uno, serían 20 en esa lista. Cientos de medios de todos los países están estrenando series. Por eso es tan exitoso un dispositivo organizador y facilitador de contenidos como Netflix que logra hacer sentir al usuario que no hay taaaanta cosa para mirar, el universo de series es finito y son las que están en la plataforma. Y uno debe creerlo para mantener la cordura porque si nos dejamos llevar por internet y entramos a explorar series de todos los países nos volvemos locos y nos entra la angustia.


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Vampire Freaks - Red social para fanáticos de lo gótico y vampírico

   De acuerdo al experto en adicciones Mark Griffiths, algunas características que pueden componer un cuadro de adicción son los siguientes:

- Saliencia. La actividad se vuelve lo más importante en tu vida y ocupa tus pensamientos, sentimientos y conducta.
- Modificación del humor. Experiencias emocionales subjetivas producto del involucramiento en una actividad problemática.
- Tolerancia. Aumento de la actividad para mantener el mismo efecto.
- Abstinencia. Estados emocionales desagradables cuando la actividad es interrumpida o repentinamente reducida.
- Conflicto. Problemas desarrollados entre el potencial adicto y las personas que lo rodean, problemas para desarrollar su trabajo responsablemente y problemas consigo mismo (conflicto intrapsíquico)
- Recaída. Tendencia a repetir los patrones tempranos luego de haberse retirado o haberlos controlado.

   Confieso que, aunque me creo bastante alejado de las redes, puede que siga teniendo alguno de estos síntomas. Por momentos el uso de las redes (aunque de pronto sea para fines que uno crea loables como difundir su trabajo) logran ocupar todos mis pensamientos, a veces me cambian el humor, a veces extraño ingresar cuando no lo hago por un tiempo prolongado (siempre horas, nunca días), a veces me genera conflicto a veces las dejo de usar por un tiempo prolongado y cuando vuelvo lo hago con todo.



Lo que escucho mientras continúo escribiendo este artículo un 3 de abril a las 9 de la mañana.

    Hay una cuestión de análisis del discurso en los posteos que, además de ser divertido, dice algo de ese otro y muchas veces ese algo contrasta enormemente con la persona que veo en lo terrenal. Da la impresión de que en algunos casos hay características de la personalidad que solo emergen en un cibercontexto. ¿Por qué? Se me ocurre que hay una diferencia entre lo que se dice de frente y lo que se dice en un muro semipúblico. Parecería ser que hay cosas que puedo decir en las redes y no frente a frente con el otro. La presencia física cohíbe al otro. El poder recibir la reacción al instante hace que se tengan filtros que en un cibercontexto no existen. ¿O acaso no conocen a alguien que en persona es retraído, callado y en las redes es una llama? ¿O que no se mete con nadie en persona y se mete con todos en las redes? 

Ahora, si hay una adicción no es a Facebook, Instagram o Linkedin. Como cuestiona Nestor Fernandez Sanchez, «Si se identifica que una persona piensa de manera recurrente en acudir a un bar –y, de hecho acude frecuentemente– y su perseverante conducta le produce cambios emocionales y problemas en su trabajo o en su familia, no es permisible calificar una “adicción a los bares”. Alguien podría afirmar que no es la adicción a los bares el problema, sino una adicción a las bebidas alcohólicas.» Entonces, siguiendo este razonamiento, no hay adicción a las redes sociales sino a lo que sucede. En caso de haber adicción, este sería al contenido, adicción a saber lo que piensa el otro. Así que superar la adicción, en este caso, sería en principio dejar de querer saber lo que piensan los demás sobre todo. 

Nestor Fernandez Sanchez en su paper va más allá y elabora un conjunto de síntomas típicos de las adicciones pero adaptados al uso de redes sociales. Éstas serían:

• Aislarse de las relaciones sociales presenciales (cara a cara), sustituyendo este tipo de relación por las redes sociales en internet (RSI). 
• Bajar el rendimiento escolar so motivo de la presencia permanente en las RSI. 
• Descuido de responsabilidades o actividades consideradas como importantes en el entorno laboral, escolar, familiar o de pareja. 
• Manifestar euforia cuando se está participando de las actividades de las RSI. 
• Manifestar irritación o ansiedad excesiva cuando no hay conexión a Internet y, por consecuencia, a las RSI. 
• Mentir sobre el tiempo que se está conectado o sobre lo que se está haciendo en las RSI. 
• Pensar y hablar persistentemente de los temas y circunstancias que suceden en la red, entre los conocidos; aunque no se esté conectado a ella en ese momento. 
• Pérdida de la noción del tiempo o del espacio debido a la permanencia frecuente o constante en las RSI. 
• Privación del sueño por estar conectado a las RSI. 
• Protagonizar discusiones en relación con el uso de las RSI con las personas que rodean al usuario, como los compañeros de trabajo, escuela o familiares.

Entrando en terreno especulativo, hay algo que creo fortalece mucho este comportamiento adictivo y es la generación del hábito. Básicamente se agrega el uso de las redes a la rutina, y dado que estamos bajo un orden mundial al que le es útil que seamos rutinarios, el hábito de usar las redes se vuelve difícil de remover. Una de las claves podría ser sentarse a reflexionar sobre por qué se usan tanto las redes y hacerse la pregunta ¿qué actividad igualmente entretenida puedo hacer en lugar de entrar a Instagram?

EL ABANDONO DEL LENGUAJE ESCRITO

Si algo tiene de lindo una red social es el poder intercambiar ideas, opiniones, como si estuviéramos en un café. Ahora, entramos en una era de profundización de lo superficial, y ahora hemos decidido suplir oraciones articuladas por una imagen y un puñado de palabras sueltas denominadas hashtag. Y digo suplir en lugar de complementar porque la tendencia es abandonar redes de contenido principalmente escrito como Facebook o Twitter. Para las nuevas generaciones ya fueron estas redes. En unos años Twitter probablemente se convierta en un pequeño guetto como este espacio en el que escribo.

¿QUÉ ESTAMOS HACIENDO?

Estamos siendo. Con cada publicación el usuario dice «Esto es lo que tengo para decir». En un rastrillaje rápido de mi propia comunidad encontré estos metamensajes:

- Re banco a Bolsonaro.
- Quiero que mueran todos los delincuentes que no se de dónde salieron pero me molestan.
- Me molesta la gente que no es como yo.
- Vos que te estás volviendo muy popular, ya no te banco. Algo de vos me molesta. Aún no lo sé pero lo voy a encontrar.
- Me siento solo.
- Tengo muchísimos amigos.
- Me drogo.
- Ya no me drogo.
- Quiero encontrar el amor.
- Quiero estar solo.
- Soy un guarro terraja, pero a la vez culto y refinado. Confundite conmigo.
. Me gustan las películas que gusta a unos pocos.
- Soy un ser muy peculiar porque «100 años de soledad» me pareció una mierda escrita intencionalmente para cine.
- Tener hijos es un bajón pero a la vez es lo mejor que me pasó.
- Al final concreté aquello sobre lo que ustedes estaban todos pendientes. Al final compré ese florero nuevo.
- Me volví tan snob que cuando escriba algo de verdad nadie va a entender nada. Y ese es el infierno que me tocó.

O sea, no es tan complejo el fenómeno de las redes sociales. Si tenemos cuidado con el fenómeno de tercerización de la personalidad, comúnmente conocido como alienación.

Y eso es todo lo que tengo que decir sobre esto. Hasta dentro de dos años...


Secos e Molhados, con Ney Matogrosso a la cabeza


Webgrafía consultada:
https://es.wikipedia.org/wiki/John_Perry_Barlow
http://www.centrocp.com/uso-y-abuso-de-las-tic-en-jovenes-escolarizados/escolar1/
http://www.medigraphic.com/pdfs/salmen/sam-2013/sam136j.pdf




martes, marzo 19, 2019

VOLVIENDO...

Hola. Es solo para anunciar que, después de 2 años, retomo el blog con un pequeño ensayo sobre TODO lo que tengo para decir sobre las redes sociales. Está en etapa de borrador pero estoy ansioso. Saludos.

miércoles, agosto 30, 2017

JURI

   Primer día de laburo en el Cambio dentro del Montevideo Shopping. Tomé un 145 y conseguí
asiento al lado de una mujer de unos cincuenta años que miraba por la ventana, luego hacia abajo y pensaba en voz alta sus próximos pasos. «Me voy a bajar y voy a comprar boñatos», decía. Ya aprendí hace rato que los uruguayos estamos locos así que, sin sorpresa, me senté y me puse los auriculares. Estaba en una etapa de escuchar radios. A veces me daban ganas de no tener que elegir qué escuchar y dejarlo en manos de alguien que se cope a hacerlo.

   Hice zapping hasta que caí en Del Plata que pasaba Linger de Cranberries y me transportó a los recreos del liceo y las pendejas que me tuvieron loco durante toda esa etapa. ¡Qué canción hermosa! Y se ve que el operador de radio estaba colgado con líderes femeninas de bandas de rock de los noventa porque engancharon el tema con My favourite game de The Cardigans y reviví aquel video de la guacha en el convertible por la ruta en plan destroy suicida. Recuerdo que arrancaba el clip y nunca lo quería mirar pero terminaba viéndolo hasta el final. La mina volando desde el convertible es una de las mejores escenas de la historia del videoclip. Se nota que es trucho pero está bueno y ese choque encajaría a la perfección en una película de Lynch.

   La selección exquisita continuó hasta que, en medio del himno de los noventa de Cristian Castro, Amor, me tuve que bajar. Entré al shopping y llegué al cambio. El local tenía forma de L y todo requería más espacio del que había. Cuando pasé por la puerta blindada, desde donde estaba parado, veía a un lado y otro a mis futuros compañeros de trabajo atendiendo gente a cara de perro. Se notaba que el trabajo era como picar piedra pero con público. El encargado parecía el malo de una película de James Bond. Apenas lo vi lo primero que pensé fue "qué pesadilla vivir contigo" y me apiadé por un momento de su esposa que deduje tenía por el anillo, brillante como una anormalidad nuclear de caricatura. Le decían por el apellido, Juri: pómulos pronunciados, ojos celestes, piel ligeramente bronceada, corte de pelo romano y un tono de voz bien de opresor. Podría pasar perfectamente por un empresario ruso de armamento de guerra


   La radio emitía bien de fondo Losing my religion de REM. Los nervios no me dejaron disfrutar la canción. Tenía que concentrarme en complacer a Juri y apenas me senté al lado de un pibe llamado Franco para que me enseñara cómo era el asunto, me pasó todos los piques. A señalar:


«No te comas billetes falsos.»
« No le des la contra a Juri.»
« Cuando terminás de atender a uno decí "siguiente" enseguida porque sino matás a un compañero.»
« Sabé que acá nunca deja de entrar gente.»
« Concentrate en dar bien el cambio porque Juri no banca muchas cagadas. Un par y pafuera o te manda a otra sucursal.»

   Me había quedado claro que Juri era el capo. La radio estaba con el volumen bajo y pasaba cualquier cosa entre los noventa y principio de siglo. Era raro ver el ritmo frenético que se daba en el lugar mientras sonaba el clásico More than words del dúo Extreme. Y así pasaban los clásicos de mi adolescencia mientras presenciaba el incesante intercambio de plata, facturas y voces.

   Franco me pasó todas las máximas del laburo. Era más chico que yo pero andaba de vuelo. Yo lo miraba y el no me hablaba mucho. En mi laburo anterior había tenido una verdadera maestra como tutora. Este pibe lo único que quería era terminar su turno para irse a ver a Peñarol:

- Bueno acá la cosa es fácil: mirame. -fue lo primero que dijo.

   Igual encaró y tiró unos piques. Aprendí que las facturas se pasaban por una validadora; que cuando viene alguien a hacer una transacción que no involucra moneda nacional es un arbitraje; que los billetes falsos son más gruesos (eso lo sabía), y que la excesiva autoconfianza es el peor enemigo. Me dijo:

- Mirá, vas a pasar estos meses de prueba sin problemas. Se ve que encarás así que la única sugerencia que te hago, y espero nunca la olvides, es que no te distraigas.

- ¿Qué querés decir?

- Que va a llegar un punto en el que vas a dominar todas las situaciones posibles y vas a tener todas las soluciones a todos los problemas. Ahí, cuando crees que la tenés clarísima, aparece una diferencia de, no sé, diez palos. Y no lo vas a entender. Vas a contar por todos lados, vas a chequear todo mil veces y no vas a encontrar nada raro. Te mandaste una cagada y por confiado no te diste cuenta. Porque cuando estás confiado bajás la guardia. Estás esperando todos los movimientos previsibles, estás en piloto automático, entonces viene uno y te dice dos pavadas como «¿Viste que un pastor noruego dibujó un pene gigante con caca de oveja? solo se ve desde el aire», o algo así, y ahí cuando estás descolocado te encaja un billete falso.

- Ok.

   Agarré lo básico y empecé con lo mío. No parecía adaptarme al ritmo del shopping. Juri me ponía muy nervioso. Caminaba siempre para un lado y para el otro. Cada cuarenta y cinco segundos lo tenía atrás mío. Era atomizante. Al día dos ya estaba trabajando para que me rajaran o para que me mandaran a otra sucursal. Me sentía en un partido de fútbol de nueve mil minutos en el infierno.

   Al cuarto día de atender gente sin parar, cerca del cierre le compré sesenta y dos pesos argentinos a un cliente. En la jerga financiera «le compré» significa que el Cambio le compró. Poco antes de cerrar, empecé a hacer el arqueo de la moneda extranjera. Cuando me puse a contar los argentinos, encontré un billete de dos pesos que parecía una fotocopia. Sabía que me lo había dado el cliente de los sesenta y dos pesos. Dos pesos argentinos valían menos que una moneda de cinco uruguaya así que podía haber agarrado ese billete falso, que como se decía en ese momento, me lo morfé, hacer una bolita y tirarlo a la basura. Pero no lo hice. Estaba muy estresado. No me bancaba a mis compañeros ni al sorete de Juri y además había entrado otro pibe que tenía experiencia y me daba mil vueltas y yo estaba seguro que era el que se iba a quedar. Entonces volqué todas mis esperanzas en que Juri optara por cambiarme de sucursal o, de última, echarme.

Llamé a Juri:

- ¿Qué pasó? –peguntó.

- Creo que me morfé este falso.

- Creo no. Te lo morfaste.

- Bueno, si.

- Pero parece una fotocopia, ¿cómo no lo viste?

- Ni idea. Me distraje, supongo.

- Dámelo.

   Se lo di. Lo agarró, formó una pelotita con el billete y lo tiró a la basura. No me dijo más nada. Subió una pequeña escalera que daba a un entrepiso donde estaba su oficina y donde nosotros dejábamos nuestra cajita con plata y nuestras camperas. A las 22:30 salí sin aparentes consecuencias por el billete falso.

   Al otro día, pasado el mediodía, recibí un llamado del Oso desde la casa central del Cambio:

- Hola, ¿Marcelo?

- Si.

- Mira, te habla Osvaldo. Escuchá, no vayas hoy al shopping. Andá a las 15 horas al Disco de Chucarro.

- Ok.

   No me echaron.

miércoles, mayo 17, 2017

Temas sobre los que empecé a escribir, me arrepentí y quedó en estado Borrador

SATURDAY NIGHT LIVE
*
POP COREANO
*
PRUEBAS PISA
*
BANDAS TRIBUTO
*
EMINEM
*
LA MISMA GENTE QUE OPINA SOBRE TODO Y LA MISMA OTRA GENTE QUE SE HARTA DE LOS QUE OPINAN SOBRE TODO ENTONCES TERMINAN SIENDO PARTE DE LA MISMA MAQUINARIA DE LA CUAL SE HARTAN

jueves, febrero 09, 2017

Reflexiones y recomendaciones para ignorar - Probable parte 1

LA NOCHE ESTÁ EN SU NOMBRE

   Shyamalan me parte al medio con sus vueltas de tuerca. La primera vez fue con «Sexto Sentido». La vi en el viejo cine de Parque del Plata cuando el balneario entraba en decadencia y el centro comenzaba su deterioro. Los locales de maquinitas fueron cerrando (el repecho, el de la esquina frente al cine y otro en el extremo frente al Carlitos); bares que bajaban la persiana, el Hotel Aranjuez, las heladerías y hasta el invencible Bowling dijo adiós.
   Hoy el centro de Parque del Plata es un pueblo fantasma pero Shyamalan, aunque en el panorama del cine sea un terraja, vive y lucha. Ha hecho sus buenas mierdas como aquella de Will Smith y el hijo o «La Dama en el Agua», que no me pareció tan mala pero la presión social venció y ahora la desprestigio como todo el mundo, pero para mí el balance es positivo. Su estilo se ve en películas como «Unbreakable» (Bruce Willis superhéroe), «Señales» (Mel Gibson y los extraterrestres) y «La Aldea» (la ciega y los monstruos capincho de impermeable en una aldea aparentemente de otro siglo) además de la ya mencionada «Sexto Sentido». Los dos últimos trabajos suyos que me han sorprendido fueron: «La Visita», aquella película de los viejitos simpáticos, y la serie «Wayward Pines». Cuando salió la serie allá por 2014 la trama no me atrapó lo suficiente como para empezar a mirarla. Unos años después la estoy mirando y al menos la primera temporada es muy buena. Un gran regreso de Matt Dillon que no lo veía desde Criaturas Salvajes.

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EL AUDIO DE TRES MINUTOS.

   Quisiera defender el audio largo de Whatsapp. Sé que no es conveniente grabar audios de larga duración en grupos donde la dinámica es otra y abunda lo efímero pero hay diálogos o momentos en los que es muy rico grabar audios largos. Tengo una amiga con la que intercambiamos audios de tres minutos o más. El motivo es muy sencillo: hay mucho para decir. Exigir el audio breve obedece en parte a la impaciencia y ansiedad que gobierna esta época. La gente pareciera no tener 1:45 de su valioso tiempo para escuchar al otro ya que el mundo tiene millones de estímulos muchísimo más atractivos que una simple y cruda voz. 

   Con esa amiga los audios largos nos han solucionado la vida porque cuando tenía que escribir todo lo que tenía para comentarle, la comunicación se volvía asincrónica. No está mal, pero es otra cosa, es 1.0. Uno además revisa eso que escribe entonces ya cambia el mensaje y mi amiga terminaba recibiendo una versión pasteurizada de aquello que podría haber dicho de forma más honesta, más real. El otro día lo utilicé para comentarle a mi amiga que había visto un documental sobre la Historia de la humanidad y que había aprendido que la palabra vacunar viene de vaca porque el tipo que inventó la vacunación estaba buscando la cura para la viruela, que en la época mataba cientos de miles por día, quiso comprobar científicamente aquel mito que decía que la gente que se agarraba una viruela animal que se contagiaba por las vacas, se volvía inmune a la viruela fulminante, entonces para probarlo le inoculó la viruela a un niño que había tenido la viruela de vaca. Cuando vio que el niño efectivamente era inmune a la viruela confirmó que estaba en lo correcto y a ese procedimiento de inoculación de una pequeña muestra del virus le puso vacuna. Ahí mi amiga (profesora de inglés) me mandó otro audio largo poniendo en duda esa afirmación del documental ya que vacuna en inglés es vaccine y vaca en inglés es cow, entonces en principio no tenía sentido. Y ahí pensó en otras derivaciones, vacuno, bovino, otras palabras similares a vaca, que fuesen similares a vaccine. Pues no, pensó en varias opciones hasta que terminó afirmando que lo que había dicho el documental no era cierto. Le tomó unos dos minutos y medio ese razonamiento.

   Yo me puse a investigar un poco en internet hasta que encontré que, en realidad la vacunación (vaccine) viene de variolae vaccinae que fue como Edward Jenner le puso a la «viruela vacuna» que había descubierto. Entonces, él no le puso vacuna a la vacuna. El que decidió homenajear a Jenner poniendole ese término a todo procedimiento de inoculación de la muestra del virus que se pretende que el cuerpo inmunice, fue Louis Pasteur. Entonces vacuna (vaccine) viene de vaccinae, por lo que, finalmente, estaba bien la afirmación que había hecho el narrador del documental.

   Como verán, algunas cosas no se resuelven con audios de diez segundos. Bueno si, tal vez con cien audios de diez segundos.

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ALMODÓVAR

   Mi biblioteca es reducida. Consta de unos cien libros, casi todos comprados en tiendas de saldos o en la feria, fundamentalmente por cuestiones económicas. Esto del precio como criterio para comprar un libro ha generado una biblioteca poco "prestigiosa". Hay pocos clásicos y casi todos los libros son usados. La colección es muy heterogénea así que uno puede con claridad cuáles son los escritores que he leído más en físico. Los autores cuyas obras se repiten en mi biblioteca son: Doris Lessing, Douglas Coupland, Charles Bukowski, Ernest Heminghway, Henry Miller, Jack Kerouac y Haruki Murakami. De estos escritores tengo por lo menos dos libros. Esto no significa que no haya leído clásicos o autores de libros caros. Los he leído por internet. Hace unos quince años que leo libros digitales. Al que más leí de forma digital fue sin lugar a dudas Stefan Zweig, un escritor de ficciones históricas interesantísimas. No he leído a otro mejor en el género.

   Un aspecto que puede llegar a valorizarse de mi biblioteca es que algunos libros, por baratos y desconocidos, no se pueden conseguir en la red. Tengo algunos de esos. Una de esas obras que encontré fue "El cine de Pedro Almodóvar" de Nuria Vidal. Para los snob, Almodóvar siempre fue un terraja. Tuvo que hacer muchas películas para que le empezaran a respetar como cineasta, y siempre tuvo que luchar contra un círculo artístico pacato y políticamente correcto que en los ´80 lo despreciaban o lo toleraban como a un hijo de psicólogos.

   El libro no es una obra maestra pero tiene muchos fragmentos de entrevistas a Almodóvar, que es una persona muy interesante y auténtico en lo que dice; declaraciones de actores de sus películas y fragmentos de la crítica de la época. Es un libro editado a fines de los ´80 por lo que no llega muy lejos en la vasta carrera del cineasta.

   En febrero me he propuesto ver toda su filmografía. Ya he visto las primeras dos: «Pepi, Luci, Bom y otras chicas del montón» y «Laberinto de Pasiones». Estas primeras películas muestran a un Almodóvar reflejo de lo que llamaban «la movida» un momento en el que parecía valer todo, con un epicentro en Madrid, ciudad donde gobernaba un tipo que incentivaba a los jóvenes a que estuvieran para la joda. Bueno, todo eso se ve en estas primeras películas donde una lluvia dorada, el sadomasoquismo y el incesto se los aborda como hechos cotidianos. A ningún personaje parece sorprenderle nada de lo que sucede. La tercera película, Entre tinieblas, recordada por mí como la de «la monja que está de ácido» es la próxima que, en este caso, volveré a ver después de muchos años. Dejo algún material que ya he compartido por ahí.



Creo que continuará...

viernes, enero 20, 2017

Sobre el incómodo arte de la autopromoción y otros menesteres de un escritor independiente.


   Desde que inicié el camino a la publicación de la novela «Contar la plata» he descubierto muchos aspectos
del mundo literario que desconocía por completo: grupos virtuales de escritores o de gente que tiene intenciones de escribir y allí se genera un intercambio interesante de conocimientos; opiniones negativas sobre escritores que idolatraba, mucha literatura erótica autoeditada y autopublicada, esnobismo (reflejado por ejemplo en la vulgarización de algunos escritores de culto como Jack Kerouac, Henry Miller y Charles Bukowski quienes parece que ahora son «mediocres» o «simples») y excesivo proteccionismo de contenidos. Lo que más lamento es que impere la idea de que mostrar extractos de una novela, fuera del todo, no significa o no sirve para nada. Y el motivo por lo que lo lamento es porque creo que es perjudicial, no solo para el escritor, sino para todo el mundo literario que no accede al contenido porque el propio escritor lo encierra, siguiendo el modelo de negocios de las macroeditoriales y las cámaras de libros de cada país, a quienes obviamente les sirve que el contenido no salga de los libros, y que un libro se venda más por cómo es el escritor que por lo que escribe. Es por eso que hoy los libros se promocionan esencialmente por medio de entrevistas a los escritores. Entonces yo tengo que comprar el libro por la tapa, la contratapa, la cara del escritor, qué dice y qué reconocimientos tiene. De todas maneras, no quisiera dejar la impresión de que las entrevistas es al pedo. En lineas generales, en función de las entrevistas que leo, veo y escucho, me gusta el escritor uruguayo como persona.
   Yo me siento por fuera del ambiente literario. Me considero primero músico, luego escritor. Conozco pocos escritores personalmente y no leo demasiada literatura uruguaya contemporánea porque no encuentro material en la red para determinar si me gusta, y así, ir a comprar el libro. Los últimos libros de autores uruguayos que compré y leí fueron «Todo termina aquí» de Gustavo Espinosa y «Diarios de un pa(sa)jero» de James Pistach. Los dos escritores obedecen a modelos editoriales diferentes. El primero lo compré luego de estar parado una hora en la librería leyendo la novela para ver si me gustaba lo suficiente como para comprarla y tener la obra en mi biblioteca para siempre. La otra la compré luego de que el autor me la mandara gratuitamente por correo. Al final no me dejó comprársela y quedamos en hacer un trueque por mi novela, a quien se la entregaré con gusto el mes que viene.
   Siempre me choca un poco decir «soy escritor», porque sé que hay dos escuelas: las que sostienen que es un gesto altanero o soberbio llamarse escritor si aún uno no ha publicado oficialmente, y los que aconsejan, como gesto de confianza y seguridad, llamarse escritor desde el vamos si es que uno quiere dedicarle el suficiente tiempo a este oficio como para construir una carrera literaria. En ese sentido, he elegido la segunda opción desde hace un par de años.
   Siempre digo que hace más de diez años que escribo. Allá por Julio de 2005 comencé este blog para, en un principio, exteriorizar algunos pensamientos de un pibe de veintidós años. Cuando profundizo en la idea, la realidad es que el germen de la narración está en mi niñez, llegando a mi primer década, cuando tomaba objetos inanimados y les daba vida, construía universos alrededor de estos, y hacía de dichos objetos verdaderos personajes con un carácter, una personalidad. En «Contar la plata» el protagonista recrea esa época y se aprovecha para levantarse a una de sus variopintas compañeras de trabajo:



—¿Vivís sola?

—No, vivo con mis padres desde que me separé.

—¿Vivís muy lejos?

—Sí, vivo en Nuevo París, por allá por Triunfo y Carlos
de la Vega.

—¡Mirá! Yo vivía por esa zona. En Carlos de la Vega había un almacén al que iba seguido —acoté refiriéndome al del viejo
O’Hara, que en paz descanse.

—Ah, ¿sí? Entonces conocés el barrio.

—Sí. Mi abuela vivía cerca de ahí. A veces cuando me quedaba
con ella íbamos a una feria que pasaba por Triunfo.

—Sí, la feria, claro.

—No me gustaba ir a la feria. No tanto porque la feria fuese fea o aburrida en sí, sino porque me gustaba mucho quedarme encerrado con mis autitos en ese universo de estrellas del deporte de todo el mundo y yo como presidente de mi FIFA(Federación Internacional de Fútbol con Autitos).

—Pa, se ve que te gustaban mucho ¿no? ¿Te gustan los autos?

—No, no me gustan nada. Soy muy poco hombre en ese sentido. Te hablo de fútbol, de mujeres pero de autos no sé nada. Ahí me quedo en cero. Cuando era chico jugaba con autitos pero al fútbol. Los agarraba como si fuesen jugadores y los hacía patear un dado que hacía de pelota. Era muy divertido. Hacía campeonatos. Primero hacía un campeonato local de autitos en el que cada uno era un país. El color de cada autito me ayudaba a determinar su país. Los más raros eran los de Lituania y Cuba.

—Pa, nunca conocí a alguien que hiciera eso con autitos.

—Sí, bueno, cada uno con su locura, ¿no? Me gustaba sumergirme en mis pensamientos y...como que mi mejor amigo era la imaginación.

—Pa, estabas re solo.

—No, tenía amigos pero yo solo me divertía pila. A veces nos quedábamos con mi hermano en lo de mi abuela y él se iba a jugar con los amigos y yo me quedaba en mi mundo de objetos inanimados que cobraban vida y eran grandes estrellas del fútbol. Incluso muchos se destacaban por sus habilidades y otros por ser muy malos. La forma del autito hacía que fuera más fácil manipularlo que otros. Por ejemplo, los mini camioncitos eran lo peor. No servían para nada. Pateaban para cualquier lado.

—Asi que eras como un pequeño niño loco.

—Y no termina ahí. Después de terminado el campeonato local, comenzaba el mundial. Allí elegía a los mejores autitos que formaban la «selección», entonces jugaban contra otras selecciones como la de ruleros, los comunes y los que se calientan, la selección de pilas que era muy mala y una selección de pinzas para el pelo que también era de lo peor.

Serrana estaba deleitada con mi historia demente de objetos que cobraban vida para jugar un campeonato de fútbol –aunque para mí era lo más normal del mundo–.


   Años más tarde, durante la adolescencia, empecé a componer letras. Eran una porquería pero en ese momento yo sentía que estaba componiendo los futuros himnos del rock nacional. Dejo la letra de la primera canción que compuse junto a uno de mis actuales amigos. La encontré hace un par de años en una agenda del Banco de Seguros de 1994, donde también hay otras cincuenta y dos letras que compuse en los años siguientes:

CÍRCULO VICIOSO

RITMO HIP-HOP: Estás aquí sin poder salir / quedáte acá, no te vas a ir/ no intentes huir porque vas a morir.

RÁPIDO - Si lográs subir no vas a poder dormir / Si podés bajar no la vas a terminar / Vos ya entraste en este círculo de mierda / y este vicio es el que te está haciendo morir.

SE REPITE LO PRIMERO

   Esta canción la tocamos con la primera banda que tuve. Tocamos por primera y única vez en una kermés organizada por el club de baby fútbol Huracán Belvedere. Este fragmento de «Contar la plata» está inspirado en lo que sucedió ese día:

«Yo tenía una batería desde los quince pero no la tocaba con mucha frecuencia. Hacía como un año y medio que no tocaba. Estaba guardada en casa de mi amigo Godsuki, con quien tuvimos por poco tiempo una banda llamada La Alcantarilla, conformada por Godsuki en bajo, el Topo en los teclados y yo en batería. Esporádicamente aparecían Bartolo o el Chino a hacer coros. Hacíamos covers de Todos tus Muertos, Molotov y algún tema nuestro entre los que se destacaba «Círculo Vicioso» que era el que tenía algo de estructura. Nuestro primer y único recital fue en un festival organizado por el cuadro de Baby Fútbol del barrio, festival del que fuimos expulsados después del segundo tema («Puto», de Molotov). El público estaba compuesto por madres y niños, por lo que los temas no fueron bien recibidos. A sus ojos éramos una banda de pendejos fachos. Los dirigentes del club nos querían linchar. Por suerte mi viejo se metió a dialogar con ellos y en lugar de lincharnos nos dieron una hamburguesa –que nos comimos– y nos invitaron a retirarnos. Nos fuimos hacia el otro lado de una vía de tren que separaba la cancha de un complejo de viviendas. Jalamos cemento toda la tarde y a la noche volvimos por las calles sin iluminación y rodeadas de cantegriles. Igual teníamos un aspecto tan reventado que probablemente quienes se acercaran cruzarían la calle para no enfrentarnos».

   Luego de este periplo llegamos, efectivamente a este blog en el que empecé a practicar este oficio de teclear (si, teclear, no puedo escribir mucho a mano porque a la tercer carilla me empieza a doler la muñeca por mi postura deforme de zurdo) palabras y luego darle una estructura, un sentido, convertirlas en algo que pueda llegar a ser llamado «obra». 
   Unos cuatro años y medio más tarde, sentí que tenía material como para armar una colección de relatos y
La agenda del ´94 con un índice de las canciones y la página\fecha en la que se encontraban, y una copia de Polimorfa.
publicaciones varias del blog. Eso lo llamé «Polimorfa» y lo publiqué a fines del 2010 bajo el seudónimo de Anguila Yimeil. Imprimí un tiraje artesanal de quince copias de las cuales conservo una como recuerdo de lo duras que fueron esas jornadas de autoedición y autopublicación física. Es una publicación con cientos de errores y yo en ese momento creí que estaba buenísimo. Años después, y como le debe pasar a muchos escritores, uno encuentra lo que escribió algo más pobre que en el momento en que lo escribió. Es por eso que lo que escribo en la actualidad trato de revisarlo, tal vez infructuosamente, con los ojos de un yo venido de ese futuro en el que leo con desdén viejos escritos.
   Seis años después me encuentro en vías de publicar «Contar la plata». El motivo principal por el que demoró tanto es porque originalmente no tenía la intención de escribir una novela. Un día tuve una suerte de epifanía al notar que los relatos iban sumándose como los siete samurái de Kurosawa y empecé a darles forma y construir la novela. Dicho proceso fue fascinante. Me resulta casi imposible describirlo porque son sensaciones tan viscerales que cuesta describirlas en una publicación como esta. No me animo a hacerlo ahora .
   Hoy, me encuentro mucho más decidido a darle más tiempo que el que le daba a la escritura y todos los días trato de sentarme frente a la computadora, tomar los apuntes que hago en el Onenote (que ha sustituido hace tiempo a la libretita), y ver qué hago con eso. Antes escribía solo cuando me ponía en pedo, de madrugada, y luego fresco corregía. Ahora estoy terminando de escribir este post a las dos de la tarde.
   La máquina está aceitada. Gracias a este nuevo ritmo de escritura llevo escrita buena parte de una nueva novela, una suerte de continuación de «Contar la plata», que va por el mismo camino: el de tratar de generar diversas reacciones emocionales, algo que hoy es lo más difícil de lograr y para lo que no hay fórmulas ni cinco ni diez consejos para lograrlo. La diferencia radicará en que «Contar la plata» fue un proceso de cuatro años y medio de esporádica escritura, en los que se nota que hay relatos escritos de una manera y otros de otra, reflejo de los años que duró dicho proceso. Yo puedo notarlo pero hice un gran esfuerzo para que ustedes no.

Un abrazo,
Maximiliano Álvarez.












domingo, enero 15, 2017

Un pedacito de Umberto Eco

Caracas, 1981.
No es necesario explayarse en abundancia cuando uno quiere hablar bien de Umberto Eco. Lo único que quisiera compartir aquí es un fragmento de "Confesiones de un joven novelista". Todo comienza con un dato: un estudio reveló que la quinta parte de los adolescentes británicos creía que, entre otros, Winston Churchill era un personaje de ficción, mientras que, entre otros otros, Sherlock Holmes era una persona que había existido realmente. Transcribo la explicación de Umberto Eco que, en definitiva, va por el lado de esa corriente que sostiene que no hay mayor ficción que la propia realidad:

«...Tenemos acceso cognitivo al mundo de Edipo, y lo sabemos todo sobre él y Yocasta, pero ellos, aun viviendo en un mundo que depende parasitariamente del nuestro, no saben nada sobre nosotros. Los personajes de ficción no pueden comunicarse con personas del mundo real.
   Este problema no es tan caprichoso como parece. Por favor, traten de tomárselo en serio. Edipo no puede imaginarse el mundo de Sófocles, de otro modo, no acabaría casándose con su madre. Los personajes de ficción viven en un mundo incompleto, o, para ser más rudos y políticamente incorrectos, en un mundo discapacitado.
   Pero cuando verdaderamente entendemos su destino, empezamos a sospechar que también nosotros, como ciudadanos de aquí y ahora, topamos con nuestro destino simplemente porque pensamos en nuestro mundo de la misma manera que los personajes de ficción piensan en el suyo. La ficción sugiere que quizá nuestra visión del mundo real sea tan imperfecta como la visión que los personajes de ficción tienen del suyo. Por este motivo, los personajes de ficción bien construidos se convierten en ejemplos supremos de la "verdadera" condición humana.»

Recomiendo la obra completa.


sábado, noviembre 19, 2016

Mi experiencia en la nueva empresa de Trump

La victoria de Trump me agarró de sorpresa como a buena parte de la población del mundo. Pasadas un
par de semanas, me doy cuenta que me comí la pastilla de los medios americanos y las encuestadoras que daban como segura la victoria a Hillary Clinton. El principal motivo por el que creí que ganaría Clinton era el del simple sentido común. Me resultaba imposible que buena parte del pueblo americano votara a un sujeto de las características de Donald Trump: la persona que uno imagina capaz de presionar el famoso "Botón Rojo". Hillary no es ningún angelito pero por lo menos no me transmitía inestabilidad mental.

Y pasadas dos semanas, aunque sigo sin creerlo, he logrado entenderlo luego de haber leído y escuchado diferentes análisis de personas que no supieron prever el triunfo de Trump, pero que ahora la tienen clarísima, y otros que, con derrotismo, lograron pronosticarlo, como Michael Moore en sus "5 razones por las que creo que Trump ganará" (Nota con el artículo traducido).

Ahora entiendo por qué ganó Trump. Las promesas que hizo calaron hondo en el americano más conservador y en los latinos legales quienes, en gran medida, se volvieron tan conservadores como el más blanco de los blancos rurales. Le prometió al americano de las zonas industriales, deprimidas por el alejamiento de las grandes empresas que empezaron a fabricar en México y otros países subdesarrollados para abaratar, que las cargaría de impuestos para que vuelvan a instalar todo el proceso de manufacturación en el país. También prometió la deportación masiva de inmigrantes ilegales, perfecto para el latino legal que no quiere que lleguen otros a quitarles el trabajo e ideal para los blancos que odian a los latinos y al resto de las minorías. Claramente, todo lo que es intolerancia, odio y no ser crítico con respecto a las promesas que hace una personas nos llevan al mismo problema global: la falta de educación.

Y es que una buena parte de la población lo único que quiere es un trabajito para ir desde su casa al mismo todos los días; criar a sus hijos en un ambiente aislado de los problemas, tenerlos lejos de los pobres, de la gente diferente; familias que quieren hacer su propio camino y progresar junto a la pequeña comunidad de familias circundantes en el mismo plan. Es una aspiración válida, pero lamento decirles que es egoísta, porque hoy, hay gente que se aprovecha de esta alienación de las personas para ejecutar planes realmente macabros que están destruyendo el planeta mientras nosotros tratamos que no nos falte el papel higiénico y la comida para el perro. Uno de tantos documentales que muestra cómo personas al mando de grandes corporaciones están destruyendo el planeta sin ningún problema gracias a que buena parte de la población está ocupada sobreviviendo. No es que no nos importe, es que estamos distraídos. Dejo solamente el último documental que vi al respecto.




Entonces, nos encontramos en todo el mundo con un conjunto de personas de todos los niveles económicos que ve los problemas que los rodean (marginalidad, delincuencia, pobreza extrema, corrupción) como algo que emerge de la nada y que debe ser removido con mano duro. Esto es: expulsión de las personas a otro lugar donde no afecten el día a día; encarcelamiento masivo, pena de muerte. Es decir, el bypass gástrico en lugar de dieta balanceada y ejercicio.

La falta de pensamiento crítico y la desinformación está matando este planeta y los países más afectados son aquellos donde la educación están en peor estado, tanto desde la educación formal como la informal que es el propio seno del hogar. La proliferación de hogares sin valores de tolerancia, empatía y respeto por la vida del otro trae aparejado nuevas generaciones de personas intolerantes que ven en una persona como Donald Trump, un modelo de éxito y un espejo de sus propios deseos.

Hace unos meses, por mi trabajo como docente, tuve la posibilidad de estar dos semanas en una ciudad del Estado de Ohio, Estados Unidos. Allí ganó Trump y cuando estuve allí se palpaba su posible victoria por la cartelería que veía en los jardines de las casas. La experiencia en esta ciudad no fue el reflejo de todo el país ya que, debido al propio sistema federalista, Estados Unidos es más una suma de países que un gran país. De pronto un estado te legaliza la marihuana y la eutanasia y otro tiene pena de muerte. Cada estado decide sobre sus políticas educativas, de seguridad pública, entre otras.

Esa sociedad que encontré no me gustó. No me pareció admirable y no ví un lugar del Primer Mundo. Yo diría que estuve en un Segundo Mundo. Encontré una sociedad de personas metidas en su propio mundo (su auto) y que van de su casa al trabajo, del trabajo al Mall (shopping) de ahí a comer Fast Food, de ahí a algún partido de fútbol americano o baseball, y de ahí a su casa. Yo salía a caminar por el barrio y me sentía en un capítulo de Walking Dead: las calles vacías, los jardines con el pasto perfectamente cortado y ni un niño jugando, los espacios públicos en impecable estado, sin utilizar, un Downtown (centro de la ciudad) desolado, servicios públicos en mal estado, tal vez porque solo es utilizado por los pobres, casi todos de raza negra. Subir a un ómnibus era deprimente: subían personas con las piernas hinchadas por una Diabetes no tratada porque están fuera del sistema privado de salud; personas con problemas psiquiátricos; los vulgarmente llamados white trash; que subían con caras tristes, vestidas de desidia. Mientras caminaba por las desoladas calles, pasaban autos y autos que me observaban con extrañeza, familias blancas que me miraban raro y familias negras que me miraban raro. Sentía que en cualquier momento se bajaría gente de uno de esos autos y me entraría a disparar o apuñalar o secuestrarme para luego apuñalarme o dispararme y tirarme en el Parque Ottawa, al cual estaba prohibido ingresar de noche. Un día me perdí en una parte de la ciudad y tuve que caminar tres cuadras para encontrar una persona que me ayudara.

Para terminar, pude ver el futuro de nuestro país si se instalase una politica de extrema criminalización de una sociedad, y es un futuro en el que la cosa no cambia, no es una solución. En una red de autoservicios llamados 7/11<7>; entregaban unas revistas gratuitas. A lo lejos se veía que la portada tenía muchas caras. Cuando me acerqué, tomé un ejemplar y empecé a observar. Se trataba de una revista que mostraba la foto de las últimas personas que fueron arrestadas esa semana. no era de gente buscada, simplemente estaban arrestados y en proceso de juicio. Al pie de la portada, una leyenda, en fuente muy pequeña decía "esta publicación no garantiza la veracidad de la información vertida", y "recuerde que todos los ciudadanos son inocentes hasta que se demuestre lo contrario". Esa publicación resume perfectamente la sociedad en la que estuve inserto dos semanas. Sin palabras.



Por supuesto que había cosas que funcionaban bien pero eso lo pueden ver en cualquier documental. Es que la persona que nace en el seno de una familia de situación económica media, lleva una existencia tranquila, sin problemas, va en su auto de un lugar a otro, crece, se casa, tienen hijos, los crían y mueren, sin sobresaltos. El problema es la gente que está completamente fuera de ese sistema y que coinciden con una raza: los más pobres son negros.

Uruguay también está dividido como Estados Unidos. Hay personas con sentido común, que piensan antes de actuar, que mas o menos entienden que los problemas actuales tienen un origen y no surgen por espontaneidad, que la solución a los problemas está en nuestro accionar, y otro grupo que necesita una persona o un partido que le quite los problemas del parabrisas y el retrovisor y que le permita disfrutar de su existencia individual sin molestias y lejos de la gente diferente a ellos. Sé que es muy absoluto dividir a la población en dos, pero aclaro que hablo a grandes rasgos y es para no extenderme demasiado en lo que quiero transmitir.

Lamento decir que Uruguay va en vías de elegir, en un futuro no muy lejano, a una persona que lo único que va a hacer es prometer trabajo para todos (sin decir cómo, no va a importar), encarcelación masiva de delincuentes o envío a campos de trabajo en el interior del país, restablecimiento de la llamada "educación para el mercado", es decir salir del liceo preparado para entrar al mercado laboral como dependiente. Y el eslogan ganador tendrá la palabra "¡Ya!" para satisfacer el afán inmediatista de los impacientes. Cuando aparezca un político que prometa eso sin filtros, la gente lo va a votar, porque, como en Estados Unidos, la mala educación está generando personas cuyo modelo de líder es ese. Espero equivocarme.

La victoria de Trump no representa el fin inmediato pero sí dar pasos más acelerados hacia el mismo. Para empezar, no cree en el calentamiento global. Para empezar...

Corto M.A.M.O.N realizado por los uruguayos de APARATO \ WE CAN FX IT

viernes, julio 08, 2016

Paulo Coelho me despertó a las 2:45AM

¿EH?

El lunes a la noche estaba muerto. Me encontraba en ese estado sonmoliento que, según las cricunstancias,  me pone idiota o de mal humor. Al llegar a casa, le conté a mi esposa que estaba cansado porque la noche anterior me había despertado cerca de las tres de la mañana, y luego no me pude volver a dormir hasta que sonó la alarma del celular. Cuando me preguntó qué me despertó, le respondí, "Paulo Coelho". Ante su "¿eh?", le comenté que había comenzado el mismo proceso que precede a una publicación en este blog: un recuerdo o una idea; otros recuerdos y otras ideas alrededor de la original; estructuración mental de recuerdos e ideas, desvelo. Cuando este proceso comienza en el día, en lugar de desvelarme, directamente me siento a escribir.
Paulo Coelho en 1973

   Esta vez, lo que me hizo esperar un poco más de lo habitual fue, por un lado, la finalización de un apasionante proyecto audiovisual al que le dediqué muchas horas, y por otro,  la decisión de mencionar a este escritor en una publicación y las posibles consecuencias que podía acarrear. En esta época de lecturas superficiales y disfuncionales hay que tener mucho cuidado al escribir sobre este personaje que genera tanta pasión como repulsión. De todas formas, pensar si escribir o no sobre este tema fue tiempo perdido porque una vez que comienza el proceso de fijación que describí anteriormente, es casi imposible no escribirlo.

MÁS DE UNA DÉCADA SIN NOTICIAS

Mi último contacto con un libro de Paulo Coelho fue hace doce años cuando empecé a leer "Once minutos", y lo dejé por la mitad. Ese fue el final de un viaje por el universo de este escritor que duró unos dos años. durante los cuales, leí ocho libros. Entre los dieciocho y los veinte años estuve pendiente de su obra; sumergido en ese mundo de mensajes alentadores, romances idílicos, y esa sensación de que tenés un amigo veterano que te aconseja sobre cómo vivir la vida de la mejor manera. Yo, con la clásica depresión adolescente, me sentía revitalizado al terminar cada libro. 

   No solo Paulo Coelho tiene su universo. Todo escritor construye un universo en cada obra. Sin embargo, yo me refiero a ese universo que se construye luego de una cierta cantidad de obras, en las que el autor va nombrando de a poco cada estrella. En el caso de George R.R. Martin: cada familia, cada reino, es una estrella; en el caso de, digamos, Charles Bukowski: las mujeres; los empleos que consigue, sus jefes y sus compañeros, el hipódromo. En Coelho: sus estrellas son frases motivacionales, por ejemplo, aquella que sostiene que si uno desea algo el universo conspirará para conseguirlo. Esta es una de las claves de su éxito. Se trata, a mi entender, de la conformación de un universo construido a base de postulados gestálticos (también clave del éxito de Jorge Bucay) y elementos mágicos que llenan un vacío filosófico y sentimental de al menos trescientos millones de personas (lectores).

PRIMER CONTACTO

Curiosamente, llegué a Paulo Coelho allá por el 2001, no por el "Alquimista" o "Diario de un Mago", sino a través de una larga entrevista que le hizo Juan Arias en 1999 y que se plasmó en el libro "Las confesiones del peregrino". En ese momento no había leído siquiera una frase una frase suya. No lo conocía. Me llevé el libro de la biblioteca porque leí la contratapa. 

   Así fue cómo conocí antes a la persona que al escritor. Supe de sus comienzos en el teatro; los dos números de la revista independiente que lo conectó con Raul Seixas, para quien escribió decenas de canciones, entre las que se encuentra "Sociedade Alternativa": canción cuyo estribillo conocí a través de la banda uruguaya La Tabaré Riverock Banda.





   De esta manera me enteré que Paulo Coelho se hizo rico mucho antes de escribir su primer best-seller, "Brida", que desencadenó un efecto retroactivo y despegó sus obras anteriores entre las que se encontraba "El alquimista". 
   Recuerdo también de esa larga entrevista, su testimonio de lo que fue la dictadura brasileña y su secuestro y tortura por parte de un grupo de paramilitares. Lo más fuerte que tengo presente de ese testimonio fue que, la novia que tenía en ese momento, quien también fue secuestrada junto a él, al salir del cautiverio, le pidió que nunca más la llamara por su nombre.
   También tuvo un largo período de adicción a la merca; experiencias con la magia negra; tres internaciones psiquiátricas con terapia de electroshock, y no recuerdo qué más. Todo eso me generó curiosidad, empecé a leer sus libros y me fascinó.

SECUELAS

Pasada más de una década de esta inmersión, y muchísima literatura mediante, de las afirmaciones
que se hacen habitualmente, acompaño las siguientes: los textos son de sintaxis simple, lo cuál no hace a los textos ricos desde lo literario, y que la categoría de autoayuda me parece adecuada. De todas maneras, vale destacar que desde 2002 es miembro de la Academia Brasileira de Letras así que no todos pensamos lo mismo sobre sus textos. 

   Leyendo mis primeros escritos, que no están muy alejados de esa época, tal vez lo que se me pegó de su estilo fue el de una fuerte presencia del narrador, como un tercero que opina y reflexiona sobre lo que sucede en la trama. Eso lo fui eliminando con los años. ¿A quién le importa lo que piensa el escritor? ¿A quíén le ganaste?

¿QUÉ INTENTO CON ESTE POST?

No estoy seguro, pero creo que un motivo por el que quise escribir un poco sobre Paulo Coelho es que, con el paso del tiempo, han surgido críticos suyos en las redes sociales, que no lo son porque leyeron alguno de sus libros y concluyen hoy que no es buena literatura, sino que se basan en los memes boludos, o en esa lamentable costumbre que es la de criticar por moda, para encajar, porque mi amigo lo critica: la sed de sofisticación.

   Yo me pasé un poquito y leí ocho libros suyos, pero al menos me siento con propiedad para aconsejarle a alguien que no es necesario incursionar en su mundo, a menos que seas un adolescente deprimido; una persona depresiva en general (mejor un libro de Bucay si no tenés plata para terapia); una persona harto romántica que cree en el amor a primera vista, el poder de la atracción, el esoterismo en general. Ahora, si tenés curiosidad, y querés putearlo con propiedad lee "Veronika decide morir" que, de lo que leí, creo que es su mejor libro, o el menos peor, como quieras llamarlo.
   Lo otro que percibo es que muchas veces se critica a la persona Paulo Coelho, y eso es lo que no entiendo. Tal vez no haya investigado lo suficiente y el tipo en realidad no tiene escrúpulos y es despiadado, malvado, pero me parece que no es para tanto. No lo veo como alguien que perjudique al mundo. Es decir, hay muchas otras personas con auténticas credenciales para ser el foco del odio de millones.
    Lamento ser testigo de cómo el insulto, el cinismo, y el sarcasmo se utilizan como demostraciones de inteligencia y sofisticación, como hace décadas lo era fumar. Creo que nuestro sistema educativo, dentro de todo aquello en lo que adolece, lo hace principalmente en educar para desarrollar seres socialmente inteligente, capaces de empatizar con el otro...con el mundo.
   

miércoles, junio 29, 2016

Tres discos que la curiosidad me regaló

Resulta algo inverosímil que a pesar de tener acceso a buena parte de la música que hay y hubo en el
mundo, muchos deciden quedarse con las diez o veinte bandas que han escuchado toda su vida. La falta de curiosidad es uno de los males de esta era en la que todo debe estar servido en bandeja, y esa bandeja debe estar frente a nuestras narices para que llame nuestra limitada atención. Supongo que los que vivimos la época de la internet precaria no masificada de mediados de los noventa logramos disfrutar más de este libre acceso, así como disfruta más del confort el pobre que se hace rico que aquel que siempre tuvo mucho dinero y no lo aborda ese sueño de tener mucho dinero. Los que no podían comprar enciclopedias disfrutan de Wikipedia; los que no tenían plata para comprar un disco o un libro, disfrutan ahora del libre acceso a la cultura y nutrirse. Hoy por suerte es así y el mundo está librando una gran batalla para que continúe así. La lucha por mantener la neutralidad en la red es fundamental para que esto siga siendo así. Tanto autores como consumidores culturales del mundo deberíamos estar luchando por lo mismo.

   Volviendo al tema de la curiosidad, lo que me permite afirmar su falta es que yo mismo carezco de la misma en ocasiones. Son ocasiones en las que no tengo la energía para explorar por más fácil que resulte. ¿Qué tan fácil es darle una oportunidad a un disco que te recomendó un amigo? ¿Qué cuesta ver un rato de la película que te recomendó tu prima? El hecho es que a veces no tengo ganas de descubrir, sino de escuchar o ver lo que a mi se me ocurre: un disco que ya conozco o una película de un director que conozco o un libro de un escritor que ya conozco.
   Eso que hablamos entre educadores sobre "despertar la curiosidad" es esto. Motivar a que los chicos del futuro busquen, descubran, intenten nuevas actividades, explorar y aventurarse en lo desconocido. Hoy en día tenemos posibilidades aún más cercanas que la biblioteca, los diarios, el cine. Tenemos todo en una pantallita en nuestros hogares. Una pantalla que muestra datos que un procesador recibió y realizó las operaciones necesarias para mostrarlo en un lenguaje visual entendible para el ser humano. Esos datos que analiza el procesador vienen de diferentes computadoras en diversos puntos del planeta. Esas computadoras y la nuestra forman parte de la red de alcance global (GAN) Internet.
   Los momentos de curiosidad que he tenido durante los últimos días me ha permitido descubrir música y literatura que se sumará a mi banco de influencias a la hora de crear, presentar algún arreglo musical, escribir.


Secos e Molhados - Secos e Molhados (1973)

Todo empezó con un deseo de escuchar música de Brazil. Cada tanto tengo este ataque. Esta vez se me ocurrió googlear "los mejores discos de Brazil". Allí saltó un link a los cien mejores discos de la Rolling Stone de Brazil. Entré y el disco número uno era este de los Secos e Molhados, banda que en ese momento tenía en vocales al monstruo del agudo Ney Matogrosso. Aquel que no lo conoce da por sentado que quien canta es una mujer, pero no. Es Ney, vestido de forma excéntrica pero con un mensaje detrás: cuidemos la naturaleza.

   Cuando vi Secos e Molhados me sucedieron dos cosas. Me acordé de un cantante amigo que me lo había recomendado hacía semanas y yo me lo anoté en el teléfono (si, cambié la libretita por el teléfono) en algún momento .Ese momento había llegado aunque de forma accidental. Lo otro que me sucedió, ya al escuchar el disco, fue que la canción que abre el disco ya la conocía. La conocía de una serie brasilera sobre el mundo del porno en los 70´s que nunca vi, pero me dejaban encantado los créditos iniciales que tenían esta canción como cortina. Sangue Latino es la canción que abre el disco. No se me da la de crítico de música como para adornar esta canción con adjetivos y sinónimos para no repetir en la redacción; describir con precisión el género, y a qué otra banda se parece: ese es un nivel de melomanía depositado en un género literario en el que no deseo invertir tiempo. Si el tiempo fuese infinito lo intentaría, pero después de los treinta, y más aún, después de los treinta y dos, uno empieza a tomar este tipo de decisiones referentes al manejo del tiempo. A los veinte era una esponja que pretendía absorber y asimilar todo el conocimiento posible, saber un poco de absolutamente todo. Un día, alrededor de los treinta, me di cuenta que, más que saber un poco de todo, sabía mucho de nada. Así que empecé a hacer este tipo de elecciones. Por desgracia hay que elegir. Todo no se puede amigo.


Tim Maia - Tim Maia/Volumen 4 (1973)

Las sugerencias de Youtube me llevaron luego a este disco. Lo elegí porque me llamó la atención la estética mezcla de Negro Rada con un proxeneta y Paco Casal. Este disco es para mover la patita casi todo el rato. Puro funk. Si no querés escuchar todo el disco, escuchá por lo menos los primeros tres temas. Te tiro un dato: los primeros once discos de Tim Maia se llaman Tim Maia. Para que te hagas una idea de este personaje que entre el 70 y el 93 sacó uno o más discos por año. Fue de los pocos músicos que hablaba abiertamente de sus adicciones. Un tough guy este Rada funky brasilero.



Jorge Ben - Samba Esquema Novo (1963)

Su éxito comenzó cuando un capo de la Philips escuchó «Mas, que nada», el tema que abre el disco. La samba y la bossanova son géneros sedantes. Te tranquilizan y también te ponen un poco nostálgico. Son canciones que te llenan de energía, ni positiva ni negativa: esa energía que te da ganas de ponerte a escribir o a tocar la guitarra.

   Conocí a Jorge Ben recorriendo la famosa lista de  los 1001 discos que hay que escuchar antes de morir. Allí reseñaban el disco Africa del `76. Un álbum que llevo en el celular y escucho todo el tiempo. Ese es más funky y rítmico que este. El Africa te da ganas de pararte en el ómnibus y cantar las canciones a viva voz, ir hacia adelante y hacia atrás en ese bus ante la mirada desconcertante de los pasajeros. Muchas viejas como en todo viaje, te miran y charlan entre ellas sobre lo mal que está la juventud de hoy.
   Canciones a destacar: «Más, que nada», «Chove, Chuva» y «Menina Bonita, Nao Chora»

Y después escucháte este:



Iba a recomendar un par de discos más pero no quiero arruinar la temática Brazil.

¡Síganme los buenos!
Chapulín Colorado